Auto-cosificación: Autoestima y TCA

La “auto-cosificación” tiene influencia sobre nuestro autoestima y sobre nuestras competencias lógicas, analíticas y matemáticas ¿Cómo te quedas? Te lo explico a través de un estudio realizado en 1998 y conocido como “That Swimsuit Becomes You“, en español: “Este traje de baño se convierte en ti”. Y es que la Auto-cosificación es un concepto clave para mejorar nuestro autoestima y prevenir los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).

Estamos desgraciadamente familiarizas con el término “cosificación” pero no tanto con la noción de “auto-cosificación” aunque siento con bastante seguridad que es algo extremadamente común, sobre todo con las personas que se encuentran en una batalla contra su imagen corporal.

¿Qué es la Auto-cosificación?

La auto-cosificación es adoptar la perspectiva de observarse externamente y considerarse como una cosa, un cuerpo al que las demás personas miran y evalúan.

Es algo que veo en casi todas las personas a las que acompaño en el Plan Cuerpositívate y es un aspecto que no dejo nunca sin trabajar. En muchas ocasiones es casi inconsciente, como una idea subyacente a todo, un modo de ver y relacionarnos con nuestro cuerpo que nos hace imposible tener una buena relación con él.

Cuando ves a tu propio cuerpo como un objeto puedes tener la “falsa ilusión” de creer que lo puedes controlar. También es más fácil caer en la comparación con otros cuerpos que cumplen con el estereotipo impulsado por la industria de la belleza.

Además se produce un fenómeno que también veo de manera bastante habitual: Si nos damos el valor como persona a través de cómo creemos que los demás ven nuestro cuerpo, y nosotr@s creemos que nuestro cuerpo no se ve bien a ojos de las demás personas… será imposible no darnos un valor bajo como persona.

Auto-cosificación y Autoestima

A pesar de que mi práctica profesional me hace decir todo lo anterior con total seguridad de no estar engañándote, también me respaldo en la evidencia científica.

Y lo hago a través de un estudio llamado “That Swimsuit Becomes You” (Fredrickson, Roberts, Noll, Quinn y Twenge, 1998). En este estudio, los investigadores reunieron a un grupo de hombres y mujeres y los dividieron en dos muestras:

  • Una muestra se vestiría con una confortable sudadera
  • La otra muestra se vestiría con un revelador traje de baño

El objetivo era inducir mayor auto-cosificación a la muestra vestida con el traje de baño pero no en la muestra de la sudadera. Posteriormente, los investigadores realizaron las mismas preguntas  a cada uno de los individuos de ambos grupos con tal de discernir si era así. Y fue claro: Las personas vestidas con el traje de baño tenían un mayor nivel de vergüenza corporal y menor autoestima. Así, pudieron deducir que efectivamente, focalizarnos en nuestro cuerpo y en cómo éste es visto por los demás, nos hace tener un menor autoestima. 

Algo muy interesante es que se demostró que, por lo general, las mujeres nos vemos más influidas por la auto-cosficación que los hombres, disminuyendo en mayor medida nuestro autoestima.

¿Quiere saber por qué? Te explico algunos de los factores que influyen en un post que escribí sobre qué vemos cuando nos miramos al espejo

La auto-cosificación nos hace tener una mala relación con la comida y aumenta el riesgo de TCA

Sí, los investigadores observaron una correlación entre el puntuar con un mayor nivel de auto-cosificación, menor autoestima corporal y llevar una dieta muy restrictiva que podría evolucionar hacia un Trastorno de la Conducta Alimentaria. Por ello, la auto-cosificación es clave para mejorar nuestro autoestima y prevenir los TCA.

La auto-cosificación consume recursos mentales

¿Creías que sólo afectaría a la autoestima? ¡Ja! Esto es mucho más grande. Además, expusieron a los sujetos experimentales a pruebas y problemas matemáticos.

Y los resultados fueron muy llamativos: Cosificar nuestro cuerpo disminuye el rendimiento cognitivo… Voy a volver a decirlo…Centrarnos únicamente en el aspecto físico del cuerpo, nos hace obtener peores resultados en actividades de lógica y razonamiento. Básicamente, nos hace mucho más difícil poder aportar, desarrollarnos y crecer en este mundo. Pero sólo en el caso de las mujeres. En el grupo de hombres no se vieron diferencias estadísticamente significativas entre la muestra de la sudadera y la muestra del bañador.

¿Qué ha pasado desde 1998?

Lo que ha ocurrido es que este estudio ha sido replicado en multitud de ocasiones bajo el título “That swimsuit becomes all of us” (Este traje de baño se convierte en tod@s nosotr@s). Estudiando los resultados con una muestra más heterogénea (incluyendo todo tipo de nacionalidades, orientaciones sexuales, géneros, etc).

Y los resultados han sido siempre los mismos: La auto-cosificación lleva a una mayor insatisfacción corporal, se relaciona con una alimentación trastornada y consume recursos mentales tales como la atención, la memoria, el razonamiento y la lógica.

¿Y tú?

¿Te sientes identificad@? Quizás no te sientas bien en este momento con tu cuerpo pero esto no tiene por qué ser para siempre. No se trata de renunciar a vernos mejor físicamente, se trata de aprender a querer a nuestro cuerpo para decidir si queremos cambiarlo o no. Si quieres más información de cómo trabajo en terapia la autoestima corporal te invito a que leas sobre el Plan Cuerpositívate.

Y si quieres consultar cualquier cuestión antes de decidirte a empezar a cuidar de la relación con tu cuerpo puedes reservar una Sesión Online Gratuita conmigo. 


Auto-cosificación: Autoestima y TCA
 

 

Los derechos de tu cuerpo

Hay dos maneras de mostrarnos respeto hacia nuestro propio cuerpo. Primero, haciéndole sentir cómodo y segundo, satisfaciendo sus necesidades básicas. Tener presente los derechos de tu cuerpo te acercará a tener una mejor relación con él mismo, y también mejorará tu bienestar físico y emocional. 

Los Seres Humanos nos hemos encargado de formular y hacer cumplir deberes y derechos fundamentales, basados en valores tan sólidos como la justicia. De hecho, parece que en determinados momentos de nuestra Historia hemos dedicado mucho esfuerzo en elaborar leyes, algunas muy absurdas. Por ejemplo, ¿sabías que no se puede salir del Estado de Minnesota (EEUU) con un pato en la cabeza?

Sin querer alejarme más del objetivo de este artículo, te quiero explicar un secreto. Un secreto que much@s de mis pacientes del Plan Cuerpositívate conoce bien y es que llegado un punto, cuando ya hemos trabajado algunas de las heridas a sanar de la relación con su cuerpo y queremos dar un paso más para acercarnos al autoestima corporal, hacemos un pequeño (pero gran) acuerdo personal teniendo en cuenta 5 premisas básicas que tu cuerpo merece.

Son 5 premisas muy básicas, pero que deberíamos tener tod@s presente pues constituyen los derechos fundamentales de nuestro cuerpo. Y se los merece. Te presento las premisas básicas para respetar a tu cuerpo:

1. Tu cuerpo merecer ser alimentado

Pase lo que pase, hayas comido lo que hayas comido previamente o estés haciendo (o no) el ejercicio que sea, tu cuerpo merece ser alimentado. Y tienes derecho a comer. Siempre.

No necesitas ganarte la comida a través del ejercicio físico, ni debes castigarte sin cenar por haber comido algo más de lo que sueles hacer. Basta ya de rendir cuentas a la Cultura de la Dieta. Tu cuerpo espera que le des la energía que necesita para funcionar. Pero no sólo se trata de dotarle de alimentos para que funcione, se trata también de que le puedas hacer sentir placer. Por eso, también merece ser alimentado con aquella comida que te guste. Merece que te alimentes para disfrutar

Para no alargarme demasiado en este punto no voy a mencionar que, además de con comida, nuestro cuerpo merece ser alimentado con muchas otras cosas. Así que también merece que honres tus distintos tipos de hambre. Te dejo aquí un artículo que escribí para WeLoverSize con el que podrás descubrir toda la variedad de “hambres” que experimentamos

2. Tu cuerpo merece ser tratado con dignidad

Por ti y por los demás. Pero ya sabes que el cambio empieza en un@ mism@, así que me voy a dirigir a ti.

Tratas de manera digna a tu cuerpo cada vez que no lo sometes a castigo por ser algo que no es. Cada vez que te muestras comprensible y compasiv@ con él. Cada vez que aceptas su forma, su tacto, sus curvas, sus planicies, sus cicatrices y su movilidad.

Tratas con dignidad a tu cuerpo cuando te permites hacer lo que te apetece y lo que te hace feliz sin esperar a que él sea o se comporte de una determinada manera. Honras a tu cuerpo cuando no le culpas de las cosas que no has hecho.

Tratas con dignidad a tu cuerpo cuando no te crees todas las burlas u opiniones que has recibido sobre él. Y cuando no te las dices a ti mism@ al mirarte al espejo.

3. Tu cuerpo merece ser vestido de forma cómoda

Te hablé de ello en este artículo en el que te proponía 3 retos de aceptación corporal basados en tu ropa, ¿recuerdas? 

Cuando te vistes de manera cómoda, le estás diciendo a tu cuerpo que está bien de la forma que es. Sin tener que ocupar un espacio al que no llega, ni tener que estar comprimido en unas telas que le aprietan y que hasta le dejan marcas.

Muchos programas dietéticos para la pérdida de peso te dicen que “tires tu ropa de gord@” o que “te compres aquélla ropa que entra en el cuerpo que quieres tener”. Siguiendo estas recomendaciones, estás haciendo que tu cuerpo se sienta incómodo y estarás alimentando tus pensamientos gordofóbicos contigo mism@. En vez de vestirte para tu cuerpo del aquí y ahora.

4. Tu cuerpo merece ser tocado con cariño

Y aquí te lo vuelvo a decir, este derecho corporal, es un deber y derecho para ti y para los demás. 

Un ejercicio que suelo mandar de tarea para casa es que la persona se aplique crema hidratante prestando atención plena a su cuerpo y desarrollando mensajes de amor hacia él.

Realizarnos automasajes o aplicarnos aceites en el cuerpo es una manera cálida y agradable de transmitir cariño a nuestro cuerpo.

5. Tu cuerpo merece moverse agradablemente

Ir al gimnasio o hacer ejercicio no debería ser tu rutina de tortura diaria (ni semanal). Realizar deporte de una manera con la que no nos sentimos a gusto es muy poco sostenible en el tiempo. Hacer ejercicio no debería ser una obligación.

Pero lo que sí merece tu cuerpo es que encuentres aquél movimiento con el que se siente bien y que te apetece realizar. Puede ser dos clases de sevillanas a la semana, natación, running, jugar al pilla-pilla con tus hij@s o dar un paseo.

¡Ah! Y puedes empezar a hacer deporte tengas el cuerpo que tengas. No es necesario tener un cuerpo delgado y musculoso para ir al gimnasio. No tienes que vestir de determinada manera ni tener según qué gadgets. Mereces sentirte cómod@ cuando mueves tu cuerpo. Eso es todo. 


¿Cuán presentes tienes los derechos de tu cuerpo? 

Como te decía, tener en cuenta los derechos de tu cuerpo es un paso que trabajo en terapia y que forma parte de un proceso de autoconocimiento y de desarrollo de aceptación y autoestima corporal y personal.

Si quieres que tengamos un espacio en el que podamos hablar sobre ello y resolver las dudas que puedas tener, puedes Reservar una Sesión Online Gratuita conmigo

Ideas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia

Las personas necesitamos comprender el mundo y nos esforzamos mucho en conseguirlo. Por ello, buscamos mil maneras de entender todo aquello que nos rodea. Lo buscamos tanto, que a veces acabamos adoptando una explicación a algo, sin ningún tipo de duda. Aceptamos cualquier argumento sin ningún tipo de pensamiento crítico o cuestionamiento, si éste consigue aportar algún sentido a lo que  no entendemos. Por este motivo, puede que hayas desarrollado ideas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia.

Esto sucede a cualquier edad, aunque es cierto que somos más vulnerables en el periodo más temprano de nuestra vida. Sobre todo, si esta explicación viene dada por referentes (padres, abuelos, profesores…) o por nuestros iguales (amigos, hermanos, compañeros de clase…).

Ahora recuerda cuando eras pequeñ@ y recibías insultos como “Eh, vaca”, “mírame, Dumbo” o “mira a esa ballena”. O acuérdate de esa comida familiar en la que esa persona en la que debías confiar te decía algo así como “qué lástima, con lo guapa que es tu hermana” o “con la cara tan bonita que tienes, qué pena que no adelgaces”. O quizás veías anuncios en la televisión en los que se deducía que “lo femenino es estar delgada” y “lo masculino es tener músculos”. Puede que no hayas vivido esto en primera persona, pero estoy segura que si has llegado a este punto del artículo, eres una persona con la empatía suficiente como para comprender qué emociones se despiertan en situaciones así.

Y hablando de comprender, como te decía, lo que las personas nos esforzamos mucho en hacer desde el inicio de los tiempos es: Comprender.

Así que un/a niñ/a o adolescente que se vea en situaciones como las que he expuesto anteriormente va a destinar mucha energía en entender por qué le sucede esto. Y así, intentando dar sentido a lo que nos rodea, es como las personas desarrollamos Esquemas Cognitivos (menudos términos más rimbombantes tenemos los psicólogos…)

Entendiendo el mundo con Esquemas Cognitivos

Todos tenemos Esquemas Cognitivos porque los necesitamos. Dan sentido al amor, la amistad, el dinero… básicamente aportan significado a todo. 

Así pues, si durante tu infancia o adolescencia has recibido mensajes explícitos o implícitos sobre tu corporalidad, es muy probable que tengas Esquemas Cognitivos sobre tu apariencia. Pensamientos que asumes y que puede que estén equivocados. 

Estos Esquemas Cognitivos quizás te han llevado a asumir ideas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia y tu propia valía personal. Influyendo así, en tu autoestima y en tu relación con los demás.

¿Sabes cómo se rompen estas ideas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia.? Cuestionándolas.

Pero para cuestionarlas, primero debemos descubrir y conocer qué ideas preconcebidas hemos asumido de manera errónea sobre nuestra apariencia.

Estas son algunas de las creencias que tienes sobre tu cuerpo

Antes de avanzar sobre esta cuestión quiero que quede una cosa muy clara: Tú no tienes ninguna culpa de haber asumido algo erróneo sobre tu cuerpo. La responsabilidad de ello recae sobre muchas variables, sin embargo, sí que tienes la responsabilidad (y la oportunidad) de cuestionarlas y eliminarlas de tu mente.

Te invito a que reflexiones si algunos de los siguientes Esquemas Cognitivos pueden estar influyendo en cómo percibes y vives tu propio cuerpo:

  1. “Mi valía personal depende de mi apariencia”

Las personas que han desarrollado este pensamiento creen que su imagen personal es lo que más las definen. Creen que su talla, color de piel, altura o estrías las caracteriza mucho más que su propia personalidad o experiencias.

Estas personas suelen infravalorar las muchas virtudes que tienen más allá de su cuerpo y suelen dedicar mucho tiempo a alcanzar el look con el que se quieren proyectar al mundo. 

Si te sientes identificad@, te recomiendo que dediques un tiempo a pensar otros aspectos que te definan y que no tengan nada que ver con tu apariencia física. ¿Qué cualidades tienes que te hacen sentir orgullo de la persona que eres?

2. “Tengo que hacer siempre lo que sea necesario para tener el mejor aspecto físico”

Las personas que piensan así suelen vivir el presentarse siempre con el mejor aspecto físico como un deber. El principal problema es que pensar así, con tanta exigencia y perfeccionismo, lleva al fracaso. Ya que se está demandando lo imposible. 

¿Qué le dirías a una persona a la que quieres si un día no tiene un buen aspecto?, ¿Serías tan dur@ y exigente con ella?. Espero que no. Te animo a que no lo seas tampoco contigo. 

3. “Lo primero que ven los demás de mí es lo que está mal de mi cuerpo”

Esta es una verdad a medias. Probablemente, si tienes una característica física muy marcada, algunas personas se vayan a girar para verlas o te vayan a observar con más o menos discreción. Es así, así es como somos las personas. Nos llama la atención lo que no solemos ver, somos curiosos por naturaleza. 

Pero… ¿Y qué?, ¿Qué pasa si otr@ se gira para mirarte? Eso no significa que te vaya a tratar mal o que se vaya a burlar de ti. Que una persona se fije en algo de ti, no arruina tu vida. Además, que una persona haga una cosa u otra no depende de ti. Son tus acciones las que dependen de ti.

¿Qué cosas buenas suelen destacar de ti aquellas personas que te quieren y aprecian? Seguro que nada tiene que ver con tu aspecto físico. Eso es lo que cuenta, no lo que un/a desconocid@ que muy probablemente no volverás a ver pueda observar de tu apariencia.


Los Esquemas Cognitivos relacionados con la apariencia física son infinitos, sin embargo, en próximas entradas recogeré otros que son también muy comunes para así poder aportar un primer paso hacia el cuestionamiento las deas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia, y que como sociedad, hemos desarrollado.

Ideas preconcebidas y equivocadas a cerca de tu apariencia.
Aprende a mirarte de un modo distinto

¿Qué ves cuando te miras al espejo?

Desde siempre el Ser Humano ha tenido un interés por saber cómo se ve desde fuera. Siempre le ha interesado saber qué imagen perciben los demás de él.

Este interés por conocer nuestra apariencia se desarrolla desde muy pronto, pues antes de los dos años los bebés ya empiezan a reconocerse en el espejo.

Sin embargo, lo que vemos en la primera infancia y lo que vemos algún tiempo después, suele ser muy distinto (y no sólo por el paso del tiempo). Así que te planteo lo siguiente, ¿Qué ves cuando te miras al espejo?

¿Qué es lo que vemos en el espejo?

A medida que crecemos, el espejo ya no es un simple objeto en el que vernos a nosotr@s mism@s, el espejo puede convertirse en el “mejor” método de autojuicio crítico para un@ mism@.

Cuando nos vemos al espejo no sólo apreciamos nuestra imagen, si no que emitimos pensamientos y sentimos emociones en relación a lo que vemos.

Thomas F. Cash, PhD, quien ha dedicado más de 35 años de su vida al estudio de la Psicología de la Apariencia Física, preguntó a un grupo de personas lo mismo que te he preguntado al inicio del post: ¿Qué ves cuando te miras al espejo?

Algunas de las respuesta que obtuvo fueron las siguientes:

“Odio lo que veo. Odio mis muslos. Odio mi culo. Mi boca es demasiado grande. Mi cabello es demasiado fino”.

“Veo a una mujer delgada con una apariencia sana. Hasta que me miro a los ojos. ¿Qué voy a hacer con esas bolsas que nacen debajo de mis ojos?”

“Me veo como un tipo medio. Me gustaría ser algo más grande. Me gustaría que mi cabello fuera más duro. También me gustaría medir algunos centímetros más… ¿a quién voy a engañar? Ya me gustaría ser al menos un chico dentro de la media”.

“Veo a un viejo gordo”, ¿Cuándo ha pasado esto?”

“Veo a un hombre alto y fuerte que tiene una lesión paralizante en la mano derecha. Si no fuera por esta deformidad sería la persona más feliz en la tierra”.

“Veo a una mujer que parece una niña, si no fuera por mis grandes pezones. No tengo nada de pecho…”

Si lo piensas bien, nos enseñaron a mirarnos al espejo para ver aquéllo que estaba mal y que teníamos que arreglar. Ya fuera el peinado, el maquillaje, la barba o la ropa… siempre hemos utilizado el espejo como un mecanismo de autoevaluación.

Y nos volvemos evaluadores excelentes. Aunque cometemos un gran fallo: No somos nada objetivos y nos ocurren 3 cosas:

  • Desarrollamos lo que conocemos como “puntos calientes”. Es decir, lugares a los que se nos va la vista muy rápido y que coinciden con lo que solemos odiar más de nuestro cuerpo. La nariz, los granos, el culo, los brazos, la cicatriz de aquella operación… para cada persona son únicos.
  • Buscamos encontrar nuevos “defectos”. Quizás nuestro punto caliente puedan ser las orejas, pero siempre vamos a sobreevaluar a nuestro cuerpo y buscar otras cosas que no nos gusten.
  • Desarrollamos “puntos ciegos”. Estos puntos son las partes de nuestro cuerpo que ni siquiera miramos. Ya sea porque los odiamos tanto que nos duele mirarlos, o bien, porque no nos despiertan ninguna emoción.

Por supuesto, cuando hablo de espejo, hablo de cualquier superficie que devuelva tu reflejo. Una vitrina, un escaparate, la pantalla del móvil… esto quiere decir que estamos continuamente expuestos a los pensamientos y emociones que el reflejo de nuestro cuerpo nos genera.

Así pues, ¿No sería bueno modificar algunos pensamientos y desarrollar otros más bondadosos contigo y tu cuerpo?

Observa tu cuerpo a través del espejo

En terapia de aceptación corporal el espejo pasa de ser un enemigo a ser una maravillosa herramienta de trabajo.

¡Cambia el foco! Dedica unos minutos del día a observar tu cuerpo con la menor cantidad de ropa posible. Observa, pero no emitas ningún juicio. No acompañes de ningún adjetivo a las distintas partes de tu cuerpo.

Los antiguos pensamientos hacia tu cuerpo irán desapareciendo. Sin darte cuenta, estarás aceptando tu cuerpo. Y responderás muy distinto a la pregunta ¿Qué ves cuando te miras al espejo?

Y como siempre digo: La aceptación del cuerpo es la antesala para quererlo.

mujer con espejo
Desarrolla una nueva forma de mirarte