¿Qué es el Hambre Discordante?

¿Qué es el Hambre Discordante?

El Hambre Discordante (Hunger Mismatch, en inglés) ocurre más de lo que creemos. Tiene lugar en aquellas situaciones en las que piensas “No puedo parar de comer aunque ya no pueda más”. Son momentos en los que aunque nuestro estómago nos esté diciendo que está lleno y que necesita parar, nuestro cerebro piensa más bien lo contrario. Nuestro estómago no puede asumir más comida, pero nuestro cerebro no se siente satisfecho.

Es una situación razonablemente familiar. Puede ocurrir, por ejemplo, cuando vas a cenar fuera y aunque acabes muy llen@ estomacalmente, el cerebro te hace querer esas palomitas del cine al que iréis después. A pesar de ya no tener cabida para más alimento.

Esto se convierte en un problema cuando se da en una frecuencia e intensidad tan altas que interfieren y generan malestar en otras áreas de la vida (imagen corporal, salud física, relación con las demás personas, estudios, trabajo, etc.)

Y de hecho, es bastante común encontrarlo en personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), alimentación trastornada o con un largo historial de dietas.

¿Por qué no puedo parar de comer?

Primero de todo: No puedes parar de comer porque lo necesitas para vivir. Sí o sí. Así que cuando el organismo ve peligrar su supervivencia, lanza muchos pero que muchos mensajes para que comas. Y esto está bien, debe ser así.

La complejidad aparece cuando en diversas ocasiones hemos intentado cambiar el curso de los procesos fisiológicos de nuestro cuerpo. Cuando hemos intentado perder peso de manera rápida, cuando nos hemos situado por debajo de nuestro peso saludable o cuando nuestro cerebro se ha habituado a tener cada poco tiempo la estimulación de la comida altamente palatable.

A muy grandes rasgos, el hambre discordante ocurre cuando ha habido alguno (o varios) de los siguientes factores:

  • Restricción: ¿Sabes cuando alguna vez has comido poco durante el día para por la noche poder comer más en esa cena con amig@s? Sí, cuando siempre acabas cenando más de lo que hubieras comido si no hubieras estado pasando hambre durante el día. Bien, pues lleva esto a una gran escala. Cuando una persona durante meses (o años) lleva una dieta estricta, rígida y restrictiva llega un momento en el que el cuerpo (y la mente) ya no pueden más. Sueltan el control y se van al punto opuesto: El descontrol. Aquí, en este momento de descontrol, puede darse el hambre discordante.
  • Sobrestimulación del cerebro: Cerebro y estómago van de la mano. Y la Industria de la alimentación lo sabe. Por ello, “cuando haces pop, ya no hay stop”. Y es que tenemos a muy fácil alcance multitud de alimentos con aquellas características que saben que nos encantan: Azúcar y grasa. Ah! y también juegan con el crujiente, que saben que nos flipa. Una exposición continua a este tipo de alimentos de alta palatabilidad, hace que cada vez queramos más de ellos. De hecho, los mecanismos que lo regulan son muy similares a los que se dan en las adicciones (Trastornos por abuso). Pero este es un tema muy controvertido, que daría para múltiples post. Lo que quiero que te quede claro es que comer muy a menudo este tipo de alimentos, genera unos cambios en el organismo, que hacen que el cerebro no acabe de poder registrar muy bien cuán saciad@ estás. Así que sigue pidiendo.
  • No escuchar las señales de Hambre-Saciedad: Comemos con el estómago, y espero que con el anterior párrafo haberte podido empezar a hacer ver que también comemos con el cerebro. Sin embargo, va mucho más allá: Comemos también con la vista, el olfato y la boca. Cuando nos acostumbramos a obedecer más al hambre visual, olfativo o bucal, o bien, no los aprendemos a saciar de otra manera que no sea comiendo… acabamos comiendo por los ojos, el aroma o el sabor, aun teniendo nuestro estómago lleno. Te dejo más información sobre esto aquí
  • Hambre emocional: Sí, también comemos con el corazón. Te hablé extensamente del Hambre emocional en este post. Este ocurre cuando regulamos emocionalmente algo a través de la comida. Y eso no es malo. El hambre emocional es un gran aliado que te ayudará a ver que algo no está marchando bien y tienes asuntos pendientes que atender. Sin embargo, cuando comemos cada vez que nos sentimos mal (o bien), generamos un hábito. Y todo hábito es difícil de romper, así que puede ser que te encuentres comiendo a pesar de no tener hambre.

El Hambre Discordante es un aspecto que aparece en muchas ocasiones en terapia de psiconutrición. Si te sientes identificad@ con él, lo primero que debes saber es que no tienes ninguna culpa. Lo segundo que debes saber es que puede dejar de generarte malestar, sólo tienes que descubrir qué es lo que te genera este Hambre Discordante. Para ello, mi recomendación es que te dejes acompañar por un profesional de la Psiconutrición. Si quieres, podemos hacer una sesión gratuita para que puedas ver si te apetece que trabajemos junt@s en tu bienestar. Sólo tienes que reservar la sesión gratuita aquí especificando este servicio

 

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