Autoexigencia y autoestima: cuando tu valor depende de hacerlo todo bien

La relación entre autoexigencia y autoestima puede ser más estrecha de lo que parece. Hay personas que no se consideran especialmente perfeccionistas y, sin embargo, sienten que necesitan hacer las cosas bien, aprovechar el tiempo, cumplir con lo esperado o alcanzar determinados objetivos para poder quedarse tranquilas consigo mismas.

El problema no está necesariamente en querer hacer las cosas bien, tener objetivos o intentar mejorar. La dificultad aparece cuando una parte importante de cómo te valoras empieza a depender de si cumples o no con esas expectativas. Entonces, cometer un error deja de significar simplemente que algo no ha salido como querías. Puede empezar a sentirse como una prueba de que no has hecho suficiente, no te has esforzado bastante o, incluso, de que hay algo en ti que no es suficiente.

Y ahí la exigencia deja de ser únicamente una forma de organizar lo que haces para convertirse también en una forma de evaluarte.

Autoexigencia y autoestima: ¿Qué relación tienen?

Cuando nuestra autoestima está muy vinculada a los resultados, conseguir algo puede generar satisfacción, pero esa satisfacción suele ser bastante frágil. Alcanzamos un objetivo y, durante un rato, sentimos alivio. Sin embargo, no pasa demasiado tiempo antes de que aparezca el siguiente:

“Podría haber hecho más”.

“Tampoco era para tanto”.

“Ahora debería conseguir esto otro”.

“Lo he hecho bien, pero podría haberlo hecho mejor”.

De esta manera, aquello que en principio parecía una estrategia para sentirnos mejor con nosotras mismas puede terminar provocando justo lo contrario: necesitamos conseguir cada vez más para obtener durante un momento la sensación de que somos suficientes.

Es un mecanismo un poco tramposo, porque parece que el problema se solucionará aumentando el esfuerzo. Sin embargo, muchas veces ocurre algo parecido a intentar apagar un fuego echándole más leña: la sensación de no estar haciendo suficiente intenta resolverse haciendo todavía más.

Y el listón, entonces, sigue subiendo.

Cuando te pones expectativas demasiado altas

Tener expectativas no es algo negativo ya que nos permiten orientarnos, imaginar posibilidades y marcarnos objetivos. La cuestión está en qué ocurre cuando las expectativas se convierten en una medida prácticamente rígida de lo que deberíamos conseguir. Cuando el margen de error es muy pequeño, también empieza a reducirse el espacio para valorar todo aquello que sí estamos haciendo. Podemos empezar a mirar nuestro comportamiento de una forma bastante dicotómica: ha salido bien o ha salido mal, he sido productiva o he perdido el tiempo, he cumplido o he fallado.

También puede aparecer una atención muy selectiva hacia los errores. Quizá has hecho diez cosas razonablemente bien durante el día, pero tu cabeza se queda enganchada precisamente en aquella que olvidaste, aquella conversación en la que crees que podrías haberte expresado mejor o aquella tarea que todavía sigue pendiente.

Qué ocurre cuando cumples con lo que esperabas

Uno de los aspectos curiosos de la autoexigencia es que cumplir los objetivos no siempre produce el descanso que imaginábamos. Podemos pensar que, una vez terminemos ese trabajo, consigamos determinada meta o hagamos todo lo que teníamos previsto, por fin estaremos satisfechos.

Y algunas veces ocurre. Pero, la verdad… dura poco. Enseguida aparece una reinterpretación del logro:

“En realidad no era tan difícil”.

“Era lo mínimo”.

“Cualquiera podría haberlo hecho”.

“Podría haber llegado más lejos”.

Así, algo que antes parecía suficientemente importante como para exigirnos muchísimo puede perder valor justo en el momento en que lo conseguimos.

El resultado es bastante paradójico: cuanto más conseguimos, más razones encontramos para subir el listón.

Qué ocurre cuando te bloqueas o procrastinas

La autoexigencia no siempre se traduce en hacer muchísimo, a veces ocurre exactamente lo contrario. Cuando tenemos la sensación de que algo debe salir especialmente bien, empezar puede resultar muy difícil. Podemos posponerlo, darle vueltas durante horas, esperar al momento perfecto o evitarlo directamente.

Desde fuera podría parecer falta de motivación. Sin embargo, muchas veces detrás existe una enorme presión. Si hacer algo implica también demostrar si eres suficientemente competente, responsable o capaz, la tarea deja de ser solamente una tarea. De alguna manera, parece convertirse en un examen sobre ti.

Y cuanto más importante sentimos ese examen, más amenazante puede resultar empezar.

Después aparece otro elemento muy importante: la culpa, con pensamientos como “Debería estar haciéndolo”, «he perdido toda la tarde” o “¿Por qué no puedo simplemente ponerme?”

Entonces intentamos resolver el bloqueo aumentando todavía más la exigencia. Nos hablamos con dureza, diseñamos planes más estrictos o nos prometemos que mañana compensaremos todo lo que no hemos hecho hoy.

Y volvemos al mismo punto: tratamos de solucionar las consecuencias de la autoexigencia mediante más autoexigencia.

Qué ocurre cuando no cumples con tus expectativas

Otra posibilidad aparece cuando sentimos directamente que no hemos alcanzado aquello que esperábamos. Entonces puede surgir frustración, decepción o tristeza, emociones completamente comprensibles cuando algo importante no sale como queríamos.

La dificultad empieza cuando esas emociones se mezclan con el autocastigo. Ya no pensamos únicamente: “Esto no ha salido bien”, si no que empezamos a pensar:

“Tendría que haberlo hecho mejor”.

“Siempre me pasa lo mismo”.

“No me esfuerzo suficiente”.

“No soy capaz”.

Aquí se produce un cambio importante y es que pasamos de evaluar una situación concreta a evaluarnos globalmente a nosotros mismos.

Y para intentar reparar esa sensación desagradable puede aparecer otra vez la misma estrategia: exigirnos más.

Más organización. Más productividad. Más disciplina. Más control.

Y por ello… nuevas expectativas todavía más altas que las anteriores.

El círculo de la autoexigencia

Aunque las situaciones parezcan diferentes, las tres pueden terminar conduciendo a un lugar muy parecido.

  • Si cumples tus expectativas, minimizas lo conseguido y elevas el listón.
  • Si te bloqueas, aparece culpa y decides que necesitas exigirte más.
  • Si no cumples lo esperado, aparece frustración o autocastigo y vuelves a aumentar la exigencia.

Por eso este tipo de patrones pueden mantenerse durante mucho tiempo. La estrategia parece cambiar según lo que ocurra, pero la conclusión termina siendo prácticamente siempre la misma: “Tengo que hacer más”.

El problema no es querer mejorar

A veces hablar de autoexigencia genera cierta resistencia porque parece que la alternativa fuera dejar de esforzarnos, conformarnos o renunciar a nuestros objetivos.

Pero no se trata de eso.

Podemos querer aprender, crecer, mejorar nuestro trabajo o alcanzar metas importantes sin convertir cada resultado en un examen sobre nuestro valor personal.

Existe una diferencia enorme entre pensar: “Esto me importa y quiero hacerlo lo mejor posible” y pensar: “Necesito hacerlo bien para poder estar bien conmigo”.

La primera frase deja espacio para el aprendizaje, el error, las circunstancias personales y los límites. La segunda convierte cada resultado en una especie de veredicto.

Trabajar la autoexigencia y la autoestima implica, entre otras cosas, empezar a separar ambas cosas: lo que haces y lo que vales.

Entonces, ¿Cómo empezar a relacionarte de otra manera contigo?

No se trata simplemente de repetirnos que todo está bien o de intentar eliminar cualquier expectativa, puede ser más útil empezar a ampliar aquello que tenemos en cuenta cuando nos evaluamos. En lugar de mirar únicamente el resultado, podemos preguntarnos también por el contexto en el que hemos hecho las cosas, los recursos que teníamos disponibles, el esfuerzo realizado, lo que hemos aprendido o las dificultades que estábamos atravesando.

También podemos aprender a reconocer algo que para muchas personas muy exigentes resulta sorprendentemente complicado: lo suficientemente bueno.

No todo necesita convertirse en nuestra mejor versión.

No todas las tareas necesitan 100% de nuestra capacidad.

No todos los errores necesitan una corrección inmediata.

Y no todos los días tenemos exactamente los mismos recursos.

Tu valor no necesita renovarse cada vez que consigues algo

Quizá una de las partes más difíciles de cuestionar la autoexigencia sea aceptar que nuestro valor no tiene por qué estar continuamente pendiente de renovación. No necesitamos volver a demostrar cada día que somos suficientemente productivos, responsables, capaces o eficientes.

Podemos celebrar un logro sin buscar inmediatamente el siguiente.

Podemos cometer un error sin convertirlo en una definición sobre nosotros mismos.

Podemos posponer algo, cansarnos, cambiar de opinión o necesitar ayuda sin que eso borre todo lo demás que somos.

Podemos querer hacer las cosas bien sin necesitar hacerlas perfectas para sentir que merecemos tratarnos bien.

Y podemos dejar de utilizar esas aspiraciones como el instrumento con el que medimos constantemente nuestro propio valor.

Preguntas frecuentes sobre autoexigencia y autoestima

¿Cómo saber si mi autoestima depende demasiado de mis logros?

Puede ocurrir si tu forma de valorarte cambia mucho según lo que consigues, si te cuesta reconocer tus logros o si los errores afectan demasiado a cómo te ves. En esos casos, el rendimiento empieza a ocupar demasiado espacio en la autoestima.

¿Por qué la autoexigencia puede hacer que procrastine?

Porque cuando sentimos que algo tiene que salir muy bien, empezar puede generar mucha presión. A veces posponemos no porque algo nos importe poco, sino porque nos importa tanto que equivocarnos se vuelve difícil de tolerar.

¿Cómo reducir la autoexigencia sin volverme conformista?

Reducir la autoexigencia no significa dejar de tener objetivos. Se trata de introducir más flexibilidad, valorar también el proceso y aceptar que no todo necesita hacerse de forma perfecta para tener valor.

Si quieres más información puedes visitar estos recursos:

-Autenticidad y autoestima: por qué cansa estar pendiente de cómo te muestras

-Autoexigencia: por qué nunca parece suficiente lo que consigues

-Smith, M. M., Sherry, S. B., Saklofske, D. H., & Mushquash, A. R. (2017). Clarifying the perfectionism-procrastination relationship using a 7-day, 14-occasion daily diary study. Personality and Individual Differences, 112, 117–123.

-Sirois, F. M., Molnar, D. S., & Hirsch, J. K. (2017). A Meta-Analytic and Conceptual Update on the Associations Between Procrastination and Multidimensional Perfectionism. European Journal of Personality, 31(2), 137–159.

 

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